Una pequeña herida en el glande que no cicatriza puede ser el primer signo de un carcinoma de pene, según un experto
El diagnóstico precoz mejora las posibilidades de curación
El especialista en Dermatología de la Clínica Universidad de Navarra Gabriel Schlager ha señalado que una pequeña herida en el glande que no cicatriza, un enrojecimiento persistente durante semanas o una lesión que crece lentamente y no causa dolor pueden ser los primeros signos de un carcinoma de pene, un tumor poco frecuente pero potencialmente grave cuyo pronóstico mejora con un diagnóstico precoz.
"El principal problema es que muchos pacientes consultan tarde, porque la lesión no duele o por pudor", ha explicado Schlager.
En España se diagnostican alrededor de 200 nuevos casos cada año. Aunque representa un porcentaje muy pequeño de los tumores masculinos, su evolución cambia de forma radical cuando se detecta en fases iniciales.
"Si el tumor está localizado, podemos curarlo mediante tratamientos conservadores que preservan el pene y mantienen su función. El problema aparece cuando el diagnóstico llega tarde y el cáncer ya ha afectado a los ganglios linfáticos o se ha extendido a otros órganos", señala el especialista.
El carcinoma de pene suele desarrollarse lentamente durante años. Aproximadamente la mitad de los casos están relacionados con determinados subtipos oncogénicos del virus del papiloma humano (VPH), aunque también puede aparecer sobre enfermedades inflamatorias crónicas del glande, como el liquen escleroso o las balanitis de repetición.
Por ello, Schlager recomienda consultar con un especialista siempre que aparezca una lesión que no cicatrice: "No hablamos de cualquier irritación pasajera. Nos preocupa una herida, una placa rojiza o una lesión que permanece durante semanas, no duele y va creciendo poco a poco".
En esos casos, una valoración precoz por especialistas en Dermatología o Urología permite confirmar el diagnóstico e iniciar el tratamiento antes de que el tumor progrese.
EL DIAGNÓSTICO PRECOZ PUEDE EVITAR CIRUGÍAS MÁS AGRESIVAS
Cuando el tumor se detecta en fases iniciales, la primera opción suele ser una cirugía muy precisa, conocida como cirugía de Mohs, que permite extirpar completamente el cáncer conservando la máxima cantidad posible de tejido sano. En algunos pacientes también pueden emplearse tratamientos locales, como tratamiento con láser o determinadas modalidades de radioterapia.
Sin embargo, cuando el cáncer invade tejidos profundos, puede ser necesario realizar intervenciones mucho más extensas, incluida la amputación parcial o total del pene. Si además existen metástasis en los ganglios linfáticos o a distancia, el pronóstico empeora considerablemente. "Nuestro objetivo siempre es diagnosticar el tumor antes de llegar a esa situación", añade el experto.
Schlager recuerda que la vacunación frente al VPH en niños constituye una medida preventiva muy importante, ya que evita la infección por algunos de los subtipos de los virus responsables del desarrollo de este tumor años después.
Además, explica que la circuncisión reduce significativamente el riesgo de desarrollar carcinoma de pene, motivo por el que forma parte del tratamiento de los pacientes que no la presentan previamente y han sido diagnosticados de este cáncer.
Asimismo, el tratamiento del carcinoma de pene requiere la participación coordinada de dermatólogos, urólogos, oncólogos y oncólogos radioterápicos para seleccionar la estrategia más adecuada en cada paciente. "Cada caso se estudia de forma individual para ofrecer el tratamiento que permita conseguir el mejor control del tumor preservando, siempre que sea posible, la función y la calidad de vida del paciente", concluye Schlager.
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