La risa, el mejor tónico para el corazón por Dr. José Manuel Revuelta Soba
Tendemos a pensar que la risa es una simple reacción del estado de ánimo, cuando en realidad constituye una auténtica conmoción biológica del cuerpo. Cuando sobreviene una carcajada, las arterias se relajan, la sangre fluye con mayor facilidad y el corazón recibe una agradable y estimulante oleada bioquímica
Pocas respuestas fisiológicas son tan estridentes como la risa: la respiración se interrumpe en espasmos rítmicos, el diafragma oscila con fuerza y la expresión facial se transforma. Sin embargo, lo verdaderamente fascinante ocurre en el interior del corazón y las arterias. Durante un ataque de risa, las arterias se dilatan de forma similar a como lo hacen durante una sesión de ejercicio aeróbico, se producen contracciones espasmódicas del diafragma y los músculos abdominales incrementan el retorno de sangre al corazón que bombea un mayor volumen en cada latido. El ritmo del corazón (frecuencia cardiaca) se acelera para ir gradualmente disminuyendo; esta fase de aceleración-desaceleración temporal que sirve de entrenamiento al miocardio ampliando su capacidad de reserva. Estos movimientos espasmódicos generan un roce suave de la sangre sobre las paredes arteriales, denominado esfuerzo de cizallamiento (del inglés, shear stress), que favorece su elasticidad y flexibilidad.
Hace 50 años, una publicación aparecida en la prestigiosa revista The New England Journal of Medicine demostraba el indudable valor terapéutico de la risa, un hecho que siglos antes, se había constatado de forma empírica. La cardiología moderna considera a los episodios frecuentes de risa actúan como un potente modulador del endotelio, capaz de reducir la inflamación sistémica y favorecer el funcionamiento del corazón, contribuyendo a crear un verdadero escudo protector contra ciertas enfermedades cardiovasculares, como las arritmias o el infarto de miocardio.
El embrujo de la risa comienza cuando, al escuchar un buen chiste o parodia, el cerebro vierte en la sangre las moléculas de la felicidad (beta-endorfinas) que ponen en marcha unos receptores bioquímicos localizados en el endotelio (receptores opioides µ3). El endotelio es el delicado revestimiento interior de las arterias, formado por una fina capa de células planas que conforman un complejo órgano. Con la ayuda de la enzima eNOS, estos receptores producen óxido nítrico, una substancia que actúa como un bálsamo relajante y dilatador de la musculatura arterial (vasodilatación), aumentando el flujo sanguíneo y normalizando la presión arterial.
Ante situaciones de estrés, ansiedad o emociones intensas, las glándulas suprarrenales -situadas sobre los riñones a modo de pequeños sombreros- liberan hormonas como la adrenalina y el cortisol que tienen la función de ponernos en estado de alerta, haciendo que el corazón lata más rápido y las arterias se preparen para el conocido reflejo de lucha o huida. Por el contrario, la risa actúa como un apagafuegos metabólico al interrumpir de golpe la producción de cortisol y adrenalina, devolviendo la tranquilidad al organismo, minimizando el riesgo cardiovascular. Un exceso crónico de cortisol favorece la acumulación de grasa visceral, sobre todo en el abdomen; además, se ha comprobado que el estrés prolongado impulsa la ingesta de grasas animales las personas que sufren ansiedad y estrés prolongado ingieren cantidades excesivas de grasas animales y azúcares añadidos favoreciendo el sobrepeso. La risa y la alegría reduce los niveles de cortisol circulante, contribuyendo así al control ponderal.
Estudios recientes han demostrado que las personas que ríen con frecuencia presentan niveles más bajos de marcadores inflamatorios en sangre, como la proteína C reactiva (PCR) y otras citoquinas proinflamatorias (IL-6 y TNF-alfa), previniendo el depósito patológico del colesterol LDL (colesterol malo) en las paredes de las arterias, especialmente en las arterias coronarias.
Un episodio de risa franca estimula el nervio vago, principal conector del sistema nervioso parasimpático, que activa la relajación corporal, mejora el estado de ánimo y proporciona al corazón una adaptabilidad óptima ante los cambios emocionales o físicos cotidianos, reduciendo además el consumo de oxígeno del miocardio. Por otra parte, la risa colabora en la estabilización de la actividad eléctrica cardiaca, reduciendo la vulnerabilidad a sufrir arritmias ventriculares inducidas por el estrés. El denominado tono vagal alto constituye, de hecho, uno de los marcadores más sólidos de longevidad cardiaca.
En conclusión, cada carcajada desencadena una cascada bioquímica que proporciona un auténtico masaje vascular: estimula la producción de óxido nítrico manteniendo las arterias flexibles, mejora la función mecánica del corazón y modula las hormonas del estrés. Por ello, la risa constituye una herramienta sumamente eficaz dentro del entrenamiento cardiovascular.
Los episodios frecuentes de risa no solo nos alegran la vida, sino que benefician a nuestro corazón sin requerir receta médica ni presentar efectos secundarios. Cultivar el buen humor es cuidar activamente la salud física y mental. Como médico, siempre receté: Amigos alegres, tesoros que debemos preservar.
El paso del tiempo arruga la piel, pero la falta de alegría arruga tu alma
Sócrates (470 a.C. - 399 a.C.), filósofo clásico griego
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